Abordaje y prevención del consumo de alcohol en menores en la farmacia

Escrito por: ANTONIO BUSTO
25/03/2019

El alcohol etílico forma parte de los usos y costumbres de nuestra sociedad como droga social por excelencia, pero si el consumo es abusivo, tiene gran impacto en términos económicos, sociales y de calidad de vida. Se comporta como depresor del SNC y provoca desinhibición y despersonalización del individuo dependiendo del patrón, la dosis y la duración en el tiempo. La cronicidad produce dependencia, tolerancia y síndrome de abstinencia.

#Menoresniunagota es el lema de la campaña coordinada hace un año por la Fundación Alcohol y Sociedad, el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos y las farmacias españolas. Desde nuestro Colegio, en A Coruña, se ha promovido el concepto de prohibición para hacer reflexionar a los jóvenes sobre los riesgos del consumo de alcohol. La difusión de nuestro spot ha tenido gran repercusión en redes sociales, entidades y centros educativos con el apoyo, esfuerzo e implicación de nuestras farmacias.

 

Repercusiones del consumo en menores

El 76,9% de los adolescentes de 14 a 18 años ha consumido alcohol alguna vez (78,9% en 2014) y 6 de cada 10 adolescentes se han emborrachado alguna vez. El alcohol es el responsable del 6% de las muertes mundiales y se encuentra en la base de unas 200 enfermedades y trastornos según datos de la OMS. El consumo en menores está prohibido por Ley pero debemos aconsejar «consumo cero» también por razones fisiológicas y psicológicas.

La edad de inicio del consumo se retrasa, por primera vez desde 1994, hasta los 14 años (ESTUDES 2016) aunque sigue tratándose de un organismo inmaduro, en fase de desarrollo [menor masa corporal, órganos proporcionalmente más pequeños (todavía menos en niñas), un sistema nervioso más vulnerable y menor capacidad metabólica]. Interfiere en su nutrición, crecimiento (afectando a la hormona de crecimiento entre otras) y en su evolución e identidad física, psicológica y social, afectando a la memoria, la capacidad de aprendizaje al desarrollo intelectual, a la autonomía de criterios y a la capacidad para tomar decisiones. Los jóvenes son más sensibles a estos efectos, pero más resistentes que los adultos a los efectos sedantes y a la descoordinación motora.

El patrón de consumo en niños asocia el tiempo de ocio a la actividad de grupo y, prácticas como el «atracón» o «binge drinking», beber intensivamente durante breve espacio de tiempo, «juegan a la ruleta rusa» con el coma etílico. Limitado a la adolescencia, el consumo es más frecuente entre las chicas y aumenta con la edad. Desde 2010 descienden las borracheras en el último mes (un 50% más habituales en chicas) y el consumo se ha frenado desde 2012, por lo que debemos seguir invirtiendo en medidas de prevención.

Su uso recreativo y de combinación con otras sustancias psicoactivas, policonsumo con riesgo de poliintoxicación, es un problema de salud pública y facilita los casos de sumisión química, entendida como la administración a una persona de sustancias sin su consentimiento y con fines delictivos o criminales, en los que el alcohol (presente en el 61,7% de los casos) suma sus efectos a las sustancias administradas de forma subrepticia.

Cuando se combina con cannabis o cannabinoides sintéticos se incrementan los efectos sedantes de ambas sustancias y con la cocaína (estimulante) los efectos se contrarrestan, pero la toxicidad de ambas sustancias es mayor que si se consumieran por separado.

 

Alertas para detectarlo a edades tempranas

  • Físicamente: excesivo cansancio, falta de energía, ojeras, ojos enrojecidos, etc.
  • Dificultad de concentración durante el proceso aprendizaje, aumento de la falta de asistencia a clases, ritmo de estudio irregular y pasividad para resolver problemas.
  • Cambios en el comportamiento: pasividad, falta de interés, cambios bruscos de humor, inhibición de responsabilidades, agresividad y estados depresivos. Paulatino aislamiento patente en la falta de relaciones con los demás, falta de participación, tensión en las relaciones familiares, falta de comunicación sobre inquietudes o problemas personales y una oposición a todo.

 

Clínica de la intoxicación etílica

La intoxicación aguda o embriaguez, se presenta con un progresivo deterioro neurológico que evoluciona en función de la concentración de alcohol en sangre y se explica por la consecutiva afectación de los centros superiores, los mecanismos neurológicos de coordinación y, en su último estadio, el tronco cerebral y sus centros neurorreguladores:

  • Sobriedad: 0,10-0,50 g/l; sin cambios comportamentales aparentes.
  • Euforia: 0,30-1,20 g/l; con aumento de la sociabilidad, locuacidad y confianza en uno mismo.
  • Excitación: 0,90-2,25 g/l; con desinhibición e inestabilidad emocional, deterioro de la capacidad de juicio, memoria y comprensión, incremento del tiempo de reacción e incoordinación.
  • Confusión: 1,80-3,00 g/l; con desorientación, vértigos y estados emocionales exagerados.
  • Estupor: 2,7-4,00 g/l; con apatía, marcada incoordinación y disminución de respuestas a estímulos, incapacidad para mantener la postura, incontinencia y sueño.
  • Coma: 3,50-5,00 g/l; inconsciencia y anestesia, depresión/abolición de reflejos e hipotermia).
  • Muerte por parada respiratoria: >4,50 g/l.

 

Afectación del consumo crónico

El consumo crónico de alcohol deriva en:

  • Problemas y daño hepáticos, deterioro del SNC e insuficiencia cardíaca.
  • Problemas gástricos (úlceras), pancreatitis y desnutrición.
  • Flujo de sangre reducido, hipertensión y aumento en la posibilidad de desarrollar ciertos tipos de cáncer.
  • Trastornos de ansiedad y personalidad, problemas laborales, familiares y sociales.

El alcohol se consume en cantidades mayores y durante periodos más largos de lo que se pretendía, con un deseo persistente y esfuerzos infructuosos por controlar o interrumpir el consumo. Se emplea cada vez más tiempo para conseguir el alcohol, consumirlo y recuperarse de sus efectos, con el consiguiente aislamiento social, laboral o la ausencia de actividades recreativas que son sustituidas por los periodos de consumo y, a pesar de tener conciencia de los problemas psicológicos y físicos persistentes, se continúa con él. Son parámetros de dependencia al alcohol, la tolerancia y el síndrome de abstinencia.

 

¿Qué recomendaciones podemos tener en cuenta en la farmacia?

Como profesionales comprometidos, accesibles y cercanos, podemos actuar como punto de intervención preventiva realizando una valoración del impacto, aportando información sobre los peligros y consecuencias que supone el consumo de alcohol, detectar si ya está instaurado y prevenir cronicidades derivando al médico en caso necesario.

Esto se conoce como «intervención breve» y, en ella se identifica a aquellos que puedan beneficiarse por medio de cuestionarios eficaces a la hora de detectar a individuos con un consumo de riesgo, actuando con los menores a través de sus familiares y atendiendo a algunas preguntas que nos hagan con las que detectar problemas: ¿Qué tienes para la resaca? ¿Cómo evitar positivos en la prueba de alcoholemia aun bebiendo? ¿Puedo tomar alcohol con mis medicamentos?

 

Indagar sobre el consumo realizado y valorar la necesidad de ayuda:

  • No culpabilizar, mostrar empatía y evitar la confrontación.
  • Concienciar sobre el perjuicio del consumo y explorar el motivo para beber, aportando información y desterrando mitos.
  • Fortalecer la confianza del menor para cambiar el hábito y analizar los miedos para restringir el consumo, enfatizando que él es responsable del cambio con el apoyo de la familia.
  • Presentar alternativas al consumo (deportivas, recreativas), transmitiendo habilidades para resistir la presión del grupo.
  • Trabajar el apoyo social y familiar en el cambio. No beber en presencia de los hijos.

 

A los bebedores de riesgo:

  • Limitar la bebida, también en las ocasiones señaladas. Si el consumo es diario, imponer al menos cinco días al mes sin beber.
  • Registrar cuándo, cómo y cuánto se bebe para conocer hábitos y motivos para el consumo, nunca puede ser una vía de escape para los problemas.
  • No beber en ayunas ni para calmar la sed; durante la comida y no antes de ellas. Hacerlo con calma y soltando el vaso entre cada sorbo. La botella ha de dejarse lejos del alcance.
  • Promover el uso de bebidas no alcohólicas o de menor graduación.

 

Antonio Busto Cuíñas

Farmacéutico y Toxicólogo Forense

Número de colegiado: 2952 

 

Fuentes:

Colegio Oficial de Farmacéuticos de A Coruña.

Observatorio de la Infacia en Andalucía. Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanza Secundaria en España (ESTUDES 2016- 2017), realizada a estudiantes de 14 a 18 años.

Fundación Alcohol y Sociedad y Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos. Guía de intervención del farmacéutico en la prevención del consumo de alcohol en menores de edad.

Cabrera y Domínguez. Toxicología Urgencias. (2017, Marbán).

Manual de Medicina Legal y Forense (Elsevier 2014).

Gisbert Calabuig. Medicina Legal y toxicología (6ºEdición).

Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. Guía sobre drogas.

Fecha de la última modificación28/03/2019

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