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Prevención de las interacciones farmacológicas desde la farmacia

Escrito por: ANTONIO BUSTO
01/08/2019

Los pacientes ancianos y los que padecen enfermedades crónicas toman de media algo más de cinco fármacos. Además, existen también varios factores que condicionan la aparición de interacciones medicamentosas que se definen como modificaciones o alteraciones del efecto de los fármacos, cualitativas o cuantitativas, por la administración simultanea, concomitante o sucesiva de otro fármaco. También afectan bebidas, plantas medicinales, alimentos o contaminantes ambientales, de forma que puede darse una disminución o potenciación del efecto de los mismos por variación de intensidad, o bien, modificación o aparición de un efecto (terapéutico, subterapéutico o toxicológico) diferente al esperado y habitual.  Las interacciones suelen ser predecibles e indeseables, aunque en ocasiones la consecuencia de la interacción puede ser positiva y con fines terapéuticos, pero es el caso menos común (por ejemplo: la administración simultánea de lopinavir y ritonavir en pacientes con VIH aumenta las concentraciones séricas y la eficacia de lopinavir). Lo normal es que se den efectos adversos o fracaso terapéutico.

 

Los dos grandes mecanismos de acción en las interacciones farmacológicas

Interacciones farmacocinéticas

Las interacciones farmacocinéticas se producen cuando un determinado fármaco altera la absorción, distribución, metabolismo o excreción de otro, pero también la unión a proteínas. Altera la biodisponibilidad, la cantidad de fármaco que puede unirse a su receptor y el tiempo de unión a estos, modifica la duración y magnitud de los efectos. Puede haber fármacos de un mismo grupo terapéutico que nunca van a producir el mismo tipo de interacciones si sus características farmacocinéticas son diferentes. Son un tipo de interacciones predecibles, detectables por monitorización de las concentraciones del fármaco o estudiando la aparición de efectos.

 

Interacciones farmacodinámicas

Las interacciones farmacodinámicas se producen cuando un fármaco modifica la respuesta a nivel tisular o la sensibilidad de otro. La administración simultanea de dos fármacos con acción farmacológica similar (agonistas) suele provocar adición de efectos o sinergia, tanto para los efectos que se buscan como para los indeseados. Un ejemplo es la administración conjunta de una benzodiacepina ansiolítica y una benzodiacepina para el insomnio que puede generar un efecto acumulativo y provocar toxicidad. También son ejemplos la sedación excesiva, la hipotensión, etc.

Si los fármacos tienen efectos farmacológicos opuestos, el resultado es un antagonismo y los efectos adversos pueden prevenirse o anticiparse mediante el ajuste de la dosis o la monitorización. Suelen aparecer a nivel del receptor, pero también a nivel intracelular (efectos postreceptor e interacciones químicas).

 

Factores que condicionan la aparición de interacciones farmacológicas

Las interacciones no afectan a todos los pacientes de la misma forma puesto que existen variaciones interindividuales y, solo con un pequeño grupo de fármacos, las interacciones que afectan a la eficacia y los efectos adversos es relevante y tiene una gran repercusión clínica, pero todavía es menor la frecuencia de interacciones que conllevan un riesgo para la vida. Aproximadamente un 20% de los tratamientos presentan interacciones y, a veces, solo se perciben una vez se deja de administrar uno de los fármacos.

Podríamos describir distintos tipos de factores que influyen en la aparición de interacciones:

  • Situaciones y factores fisiológicos como el embarazo (pueden agravar patologías de base o enfermedades asociadas del paciente); características como el sexo (en la mujer son más comunes las interacciones pero también es cierto que, en casos de medicación múltiple, suelen tomar más fármacos de media que el hombre); la genética (“acetiladores lentos” que metabolizan más lentamente fármacos que sufren acetilación o “rápidos”) y otras características del paciente como la edad, el peso o el ritmo circadiano.
  • Determinadas patologías en el paciente como la insuficiencia renal o hepática pueden provocar una alteración de la concentración y los efectos (farmacocinética) pues afectan a la metabolización y/o excreción de los fármacos.
  • Existen vías metabólicas que pueden saturarse debido al tratamiento con varios fármacos. No todos tienen el mismo perfil de riesgo de interacciones. Los fármacos con mayor potencial de interacción son: los que se metabolizan por una única vía, los que sufren efecto de primer paso hepático, los que presentan estrecho margen terapéutico, con concentraciones terapéuticas y tóxicas muy próximas, o los que presentan reacciones dependientes de la dosis.
  • Son también fármacos de riesgo aquellos que presentan características comunes:
    1. Fármacos que actúan en el tracto intestinal o alteran su motilidad (antagonistas H2, antiácidos, etc.).
    2. Fármacos con alta afinidad por las proteínas plasmáticas como los AINEs que pueden desplazar a otros.
    3. Fármacos que actúan potenciando el metabolismo hepático (antihepilépticos, rifampicina) o inhibiéndolo (cimetidina, metroidazol, isoniazida, anticonceptivos orales, propoxifeno o ketaconazol).
  • Interacciones entre compuestos de estrecho margen terapéutico tienen una mayor repercusión clínica: hipoglucemiantes, antiepilépticos, anticoagulantes orales, anticonceptivos orales, antiarrítmicos, fármacos para el SNC (antidepresivos, neurolépticos, sales de litio).
  • Dosis incorrectas, pacientes polimedicados, pacientes ambulatorios que se preparan ellos mismos la medicación, automedicación e incumplimiento terapéutico
  • Consumo de drogas de abuso, alcohol y tabaco.

 

¿Qué podemos hacer en la farmacia para minimizar el riesgo de interacciones farmacológicas?

A pesar de existir esta variabilidad individual, cualquier paciente puede sufrirlas y el control de su medicación por parte del profesional sanitario es fundamental, siendo el farmacéutico uno de los más accesibles, cercano y preparado.

Te indico 10 acciones que puedes realizar desde la oficina de farmacia:

  1. Presentar la farmacia profesional como un punto de salud de calidad, seguridad, de consulta, familiar y accesible, ofreciendo asesoramiento y una mejora de la atención al paciente de forma continuada y responsable.
  2. Crear un ámbito de mejora constante con nuestros propios colegios profesionales y con las administraciones sanitarias participando activamente en todas sus campañas.
  3. Mejorar la comunicación con el médico y otros profesionales sanitarios para mejorar la adherencia, la estabilidad de los tratamientos y reducir los costes de salud.
  4. Realizar una adecuada anamnesis, incluyendo hábitos de consumo de fármacos por automedicación, pueden evitar la aparición o minimizar los efectos de una interacción.
  5. Conocer al paciente teniendo clara la edad del paciente y el número de fármacos, la gravedad de las enfermedades que padece, sus condiciones fisiológicas y el sexo.
  6. Conocer bien los fármacos prescritos, habituales y nuevos del paciente, pero también los alimentos, plantas medicinales, complementos nutricionales, medicamentos de consejo y el potencial de interacción de todos ellos, indagar sobre los hábitos dietéticos y de consumo de alcohol, tabaco y otras sustancias.
  7. Un tratamiento ideal, siempre que sea posible, es aquel con el mínimo número de fármacos, el periodo más corto de tiempo y a las dosis más bajas, empleando fármacos de amplio margen terapéutico, de modo que ninguna interacción imprevista produzca toxicidad. Prestaremos atención especial a los efectos deseables e indeseables de todos los fármacos prescritos, ya que dichos efectos son los que dan lugar a todo el espectro de interacciones.
  8. Participar activamente en la red de vigilancia. Las interacciones pueden ocasionar reacciones adversas a medicamentos (RAM) y se deben notificar, como todas, a través de la “Tarjeta Amarilla” del Sistema Español de Farmacovigilancia. Especialmente, presta atención tras modificaciones en los tratamientos del paciente. Hay casos (por ejemplo, la inducción enzimática) en que pueden tardar una semana o más en manifestarse las interacciones. En el caso de los medicamentos recién comercializados, es especialmente importante porque muchas interacciones se detectan en la práctica clínica y los medicamentos pueden llegar a retirarse del mercado en caso de ser necesario.
  9. Restringir la automedicación y prevenir el consumo de fármacos que necesitan prescripción médica.
  10. No utilizar nunca medicamentos para tratar las consecuencias de una interacción.

 

 

Antonio Busto Cuíñas

Farmacéutico y Toxicólogo Forense

Número de colegiado: 2952. Colegio Oficial de Farmacéuticos de A Coruña

 

 

Fuentes:

Medimecum 2017. Guía de Terapia Farmacológica. 22º Edición. Eviscience Publications.

Manual MSD para el Profesional.

Manual Merck Professional Version.

Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos.

Fuente de la imagen: Unsplash

Fecha de la última modificación20/08/2019

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