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Venturas y desventuras de la farmacia en los años 80

Escrito por: Enrique Granda
27/02/2016
Club de la Farmacia - Blog - Venturas y Desventuras

Seguimos desgranando el libro del Dr. Enrique Granda: Venturas y desventuras de una farmacia, que podéis encontrar completo en la Farmateca de El Club de la Farmacia, en este enlace. En esta ocasión, nos trasladamos a los años ochenta, en concreto en 1985,  para aprender que en el mes de febrero de ese mismo año, se conoce el borrador de una Ley del Medicamento y estalla una tormenta.

Venturas y desventuras de la farmacia Enrique Granda

 

 

1985.HUELGA A LA JAPONESA

En el siguiente par de años ya habíamos transformado algunas cosas… unas para mejor y otras para peor. Entre las primeras el datáfono, con el que hacíamos ya todos los pedidos. Y entre las segundas, las recetas empezaron a bajar después de muchos años de aumentar. Y, a partir del mes de febrero, se conoce el borrador de una Ley del Medicamento en la que había estado trabajando una comisión de expertos desde el año 1983… y estalla una tormenta.

A pesar de mi falta de tiempo —había nacido ya mi hija Beatriz y en ocasiones me la llevaba a la farmacia para no dejarla con mis suegros— acudí a todas las asambleas de farmacéuticos que se convocaron por aquellos días y me sumé a la huelga a la japonesa del día 11 de julio.

Aquella jornada abrimos desde las 8 a las 12 de la noche, en protesta a un modelo de farmacia que nos querían cambiar para que fuera estatalizado y semejante al de los países del Este. Creo que fuimos el 97% de las farmacias de toda España las que nos sumamos a esta forma de huelga, tan extraña y desconocida en Europa.

— ¿Por qué trabajáis hoy tanto?— me preguntaba Manuel.

— Porque nos quejamos contra la Administración— Pero Manuel, que había sido minero hasta que se jubiló anticipadamente hacía dos años, no entendía nada de una huelga trabajando más horas en vez de menos.

Es increíble que una medida tan simple como mantener las farmacias abiertas 16 horas durante una jornada tuviera tanta repercusión en los medios de comunicación y provocara tan intensas reacciones por parte del Ministerio como fue la rebaja del margen comercial de las farmacias al 28,2% mediante una Orden que fue inmediatamente recurrida y llegó a anularse en 1988.

Mi problema durante la huelga fue tener a Beatriz en la farmacia durante las horas que normalmente yo estaba en casa, con las clientas haciendo cucamonas y diciendo cosas lindas de la pequeña. Las vecinas corrieron la voz, y en un rato aquello parecía un jardín de infancia, con todos los críos de la barriada dormidos en sus cochecitos, salvo los que estaban saltando y brincando entre las piernas de sus abuelas. Lo bueno de aquella jornada es que vendí un buen número de cremas, polvos de talco y chupetes.

Otro de los problemas que sufrimos por aquellos tiempos fue la guerra del alcohol. Llegó un día que me pidieron una botellita y tuve que venderla a 662 pesetas el litro y, además, explicar que nosotros en la farmacia no ganábamos ni una peseta con la venta. Y claro… ¡Nadie se lo creía!

Y es que la entrada de España en la Comunidad Económica Europea que estaba en marcha nos había traído el IVA, del que la farmacia se libró al quedar incluida en los sectores de recargo de equivalencia. Pero eso no evitó otros nuevos impuestos y, de la noche a la mañana, nos encontramos con que el alcohol que se vendía en la farmacia teníamos que dispensarlo a un precio imposible, como si fuera un licor, al gravarse el alcohol con 421 pesetas por litro y quitarnos el margen a los farmacéuticos.

— Pero hija… ¿a ese precio el alcohol? ¡Pero si es para desinfectar!

— Es culpa de Europa… Se paga más de impuestos que lo que vale la botellita y, además, nosotros no ganamos nada.

— Pues eso tienen que arreglarlo.

— Pues sí que lo tienen que arreglar…

Total que los colegios entraron en lucha con la administración y al final se llegó a una buena solución, al registrarse el alcohol como especialidad farmacéutica por parte de algún laboratorio farmacéutico. Se arregló, claro que se arregló… pero a costa de nuestros esfuerzos.

Otras cosas que pasaron por aquel tiempo: las farmacias conseguimos vacaciones obligatorias de un mes, que utilicé para dedicarme a mi bebé y a su padre, que buena falta nos hacía. Además nos compramos un ordenador personal, una maravilla que me costó casi un millón de pesetas… ¡y con menos memoria que una tableta de hoy día!

Fecha de la última modificación11/12/2018

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